Tener un espacio adecuado en casa o apoyos familiares “a mano” ha sido determinante para poder seguir de forma satisfactoria la educación híbrida impuesta durante el último curso. Estos dos factores son los responsables de las mayores brechas educativas entre pares, por delante de las que tienen que ver con carencias materiales.

Así se desprende de la investigación ‘Experiencias y percepciones juveniles sobre la adaptación digital de la escuela en pandemia’, llevada a cabo en el marco del proyecto Educación Conectada de BBVA y la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (Fad). El estudio, que se ha presentado este miércoles, se ha centrado en las potencialidades de las TIC como medios de transmisión de conocimientos durante la pandemia, según las culturas digitales de adolescentes y su relación con los centros escolares y sus redes de apoyo personales.

Además de la brecha económica en los hogares, la brecha de género y la brecha por centros se suman a la heterogeneización de la adaptación digital. En general, a ellas se les han hecho más cuesta arriba los cambios y confían menos en sus habilidades digitales, y en los centros públicos, los jóvenes refieren menos atención en caso de dificultad, vinculada a la menor disponibilidad de recursos.

Cerca de la mitad de los estudiantes (47,2%) afirma que pudo continuar con los estudios online ‘bien, con algunas dificultades’, un 28,1% indica que lo hizo ‘perfectamente’, un 16,6% ‘con bastantes dificultades’, y un 4,3% dice que ha sido ‘casi imposible’.

Por su parte, existe un grado de acuerdo alto con afirmaciones como “seguir las clases online requiere de más constancia”, “con la educación online estamos mucho más sobrecargados/as de tareas” o “el ritmo de las clases online es más lento que el presencial”. Algo menos de acuerdo suscitan las afirmaciones “con la educación online tengo más libertad para hacer las tareas a mi ritmo” y “el método de evaluación online es más injusto”.

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En la educación ‘online’ se perciben algunas ventajas como la comodidad (47,7%), la capacidad para organizar el tiempo como quieras (39,4%), y la posibilidad de evitar desplazamientos innecesarios (38,5%). Por su parte, las principales dificultades que se señalan son los cortes o lentitud de la conexión (un 30,4% lo experimenta “constantemente o con frecuencia” y el 35% “a veces”).

Con todo, el alumnado ha aceptado la complementariedad entre los planos online y presencial de la formación, siempre desde la perspectiva de que la educación presencial será la principal y prioritaria. Para ello, ponen el foco en la incorporación de las tecnologías en las aulas, ya que “propician propuestas educativas más innovadoras” y que su uso “hace que las clases me resulten más interesantes”.

A este respecto, uno de cada cuatro jóvenes señala haber tenido problemas con el uso de Internet o de dispositivos a lo largo del curso. De ellos, el 22,9% afirma que no pidió ayuda a nadie, y el 46,6% de ellos buscaron la información en internet.

Por otro lado, los jóvenes tienen la percepción de que sus habilidades tecnológicas superan a las de diversos agentes que les rodean. Así, respecto a las personas adultas, el 81,9% afirma ser ‘mucho o algo’ más habilidoso que sus progenitores y el 73,8% afirma lo mismo respecto a sus docentes.

(SERVIMEDIA)