Hay objetos que generan valor por lo que muestran. Y hay objetos que generan valor por lo que ocultan. Cathalonia Aeterna pertenece, sin ningún género de duda, a la segunda categoría.
Nadie sabe cuántos ejemplares existen. Esa es la primera certeza sobre esta obra, y también la razón por la que lleva meses circulando entre susurros en los círculos donde el arte, la bibliofilia y el capital privado se dan la mano. No hay catálogo público. No hay tirada anunciada. No hay una cifra oficial a la que aferrarse. Solo existe lo que cuentan quienes ya tienen un ejemplar entre las manos, y lo que no cuentan es, quizás, lo más revelador de todo.
Una pieza, no una edición
El editor y bibliófilo Miguel Huguet, responsable de la obra, se ha convertido en los últimos años en una figura singular dentro del panorama editorial de lujo. Su nombre ya estaba asociado al coleccionismo de lujo, a proyectos como Andorra Aeterna o Armenia Aeterna —esta última, recordada por el momento viral en que la socialité Kim Kardashian compartió la edición ante sus 365 millones de seguidores—. Pero Cathalonia Aeterna representa, según fuentes del sector, un salto cualitativo distinto.
“No estamos hablando de una edición limitada al uso”. “Estamos hablando de una pieza. Como ocurre con ciertas joyas o ciertos relojes, el valor no nace solo de la rareza, nace de la certeza de que nunca habrá más. Y aquí esa certeza es absoluta, porque ni siquiera se sabe cuántas hay.”
Esa ambigüedad deliberada —o al menos, percibida como deliberada— ha generado en el mercado secundario un fenómeno poco habitual en el mundo del libro: la especulación silenciosa. Mientras la inmensa mayoría de ediciones limitadas anuncian su tirada exacta como argumento de venta, Cathalonia Aeterna ha construido su prestigio sobre la incertidumbre. Cuantos menos sean, más vale cada uno. Y cuanto menos se sepa, más quieren saber los que pueden permitírselo.
Una cifra que ya supera las seis cifras
Las operaciones privadas que han trascendido —siempre extraoficialmente, siempre sin confirmación documental— sitúan ya el valor de mercado de Cathalonia Aeterna por encima de los 100.000 euros por ejemplar. Una cifra que, de confirmarse en transacciones públicas, colocaría a la obra en una liga reservada hasta ahora a manuscritos históricos certificados o a primeras ediciones de valor incalculable, o a producciones editoriales contemporáneas de lujo muy limitadas.
¿Qué justifica ese salto? Los expertos en bibliofilia que han podido examinar la obra hablan de una ejecución material que roza la orfebrería: encuadernación artesanal con materiales nobles, procesos de producción que recuerdan más a un taller de alta joyería que a una imprenta, y un cuidado en cada detalle que convierte el objeto en algo que trasciende su contenido.
Lo que dicen los números del lujo y el arte
El fenómeno Cathalonia Aeterna no es fruto de la casualidad. Encaja, con una precisión absoluta, en una tendencia que los grandes informes del sector vienen documentando desde hace años.
Según el informe Global Luxury Goods de Bain & Company, elaborado junto a la Fondazione Altagamma, el mercado global del lujo se sitúa ya en el entorno de 1,44 billones de euros considerando todas sus categorías. Pero lo relevante no es tanto el tamaño como la dirección: el propio informe señala que, mientras las categorías tradicionales del lujo —moda, accesorios— han moderado su crecimiento, crece con fuerza el interés por productos culturales y objetos coleccionables de lujo, especialmente entre consumidores de alto patrimonio que buscan exclusividad, rareza y valor patrimonial por encima de cualquier otra consideración.
El informe Art & Finance de Deloitte, que analiza específicamente la relación entre arte, inversión y patrimonio, confirma ese mismo patrón desde otro ángulo: los objetos culturales se utilizan cada vez más como activos alternativos de inversión, y los grandes coleccionistas valoran, por encima de cualquier otro criterio, tres variables muy concretas: autenticidad, rareza y valor histórico. Las tres son, precisamente, las que Cathalonia Aeterna ha convertido en su seña de identidad.
El mercado del arte y los objetos coleccionables, según el informe anual elaborado por la economista Clare McAndrew para Art Basel y UBS, alcanzó en 2024 los 57.500 millones de dólares en todo el mundo, con cerca de 39,4 millones de transacciones registradas. Un mercado que, según ese mismo informe, depende de manera estructural de coleccionistas de alto patrimonio neto, los llamados HNWIs (High Net Worth Individuals), exactamente el perfil de comprador que circula —siempre en silencio— alrededor de las obras de Huguet.
Y hay un dato más, quizás el más revelador de todos. La organización internacional ILAB, que agrupa a los libreros anticuarios más reputados del planeta, sitúa el mercado de libros singulares, primeras ediciones y manuscritos históricos como un universo donde los precios pueden oscilar desde varios cientos de euros hasta varios millones, dependiendo de un único factor determinante: la certeza de su escasez. No es la antigüedad lo que dispara el valor. Es la imposibilidad de réplica.
Cathalonia Aeterna no es, en sentido estricto, un manuscrito histórico. Pero ha conseguido algo que muy pocas ediciones contemporáneas logran: comportarse en el mercado exactamente como si lo fuera.
“En el mundo del reloj de alta gama, las marcas más cotizadas no son las que producen más, son las que producen exactamente lo que el mercado no puede tener”, apunta un gestor de patrimonio especializado en activos alternativos consultado para este artículo. “Aquí está pasando lo mismo, pero con un libro. Y eso, en el sector editorial, no tiene precedentes claros.”
La pregunta que nadie responde
Mientras el valor de Cathalonia Aeterna sigue su ascenso silencioso, la pregunta que recorre los despachos donde se comercian este tipo de piezas sigue sin respuesta: ¿cuántos ejemplares existen realmente?
Puede que sean veinte. Puede que sean cinco. Puede que la cifra exacta solo la conozca su editor, y que ni siquiera él tenga intención de revelarla jamás.
Y quizás esa sea, precisamente, la mayor obra de ingeniería cultural de Cathalonia Aeterna: haber convertido el silencio en el argumento de venta más persuasivo del mercado del libro de lujo contemporáneo.
