– Mantiene su previsión de crecimiento económico para este año en el 2,3%, pero rebaja al 1,8% la del siguiente ejercicio

– Prevé que 2023 cerrará con una subida media de los precios del 3,6%, casi medio punto más que en su anterior cálculo, que alcanzará el 4,7% en 2024

MADRID, 19 (SERVIMEDIA)

El Banco de España ha mantenido su previsión de crecimiento económico para 2023 en el 2,3%, aunque ha revisado a la baja su proyección macroeconómica para 2024, cuando estima que el PIB se expandirá un 1,8%, cuatro décimas menos que en sus cálculos de junio.

Junto a esta desaceleración de la economía, el organismo estima que la inflación volverá a repuntar en la fase final del año hasta alcanzar una tasa anual media del 3,6%. Esta subida continuaría durante el próximo ejercicio, cuando el índice de precios al consumo (IPC) se elevaría al 4,7%.

Estas son algunas de las conclusiones de su último informe trimestral de proyecciones macroeconómicas hasta 2025, que, sin embargo, no recoge el impacto de las últimas correcciones en los avances del PIB en 2021 y 2022. El Instituto Nacional de Estadística (INE) revisó ayer al alza el crecimiento económico del año pasado, desde el 5,5% hasta el 5,8%. Asimismo, concretó que el PIB nacional se expandió un 6,4% en 2021, frente al 5,5% calculado inicialmente.

El Banco de España no ha tenido margen para incluir estas modificaciones en sus cálculos, pero es posible que tengan un efecto arrastre positivo, al igual que ha sucedido en ocasiones anteriores cuando ha habido cambios en las cifras de contabilidad nacional. No obstante, el director general de la institución, Ángel Gavilán, dijo que «no es nada obvio» predecir cómo afectarán estos cambios a su estimación, ya que depende sobre todo de cómo fue la evolución de la economía en la parte final del año pasado.

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DESACELERACIÓN ECONÓMICA MÁS INTENSA

Sea como sea, las nuevas proyecciones macroeconómicas del supervisor bancario concluyen que el crecimiento del PIB de España ha perdido ritmo en los últimos meses y mantendrá una dinámica a la baja durante los próximos meses. Según el informe, el PIB creció un 0,4% intertrimestral en el segundo trimestre, dos décimas menos de lo previsto en junio, y avanzará en torno a un 0,3% entre julio y septiembre, presentando así «un dinamismo relativamente contenido».

Esta desaceleración económica se trasladará también a 2024 y 2025. Durante el próximo ejercicio, el organismo sostiene que el PIB crecerá un 1,8%, frente al 2,2% previsto hace apenas tres meses. El producto interior repuntaría otra vez en 2025 en un 2%, pero en menor medida que en la estimación anterior, ya que se reduce en una décima.

Esta moderación del crecimiento se explica en el impacto de las subidas los tipos de interés, la «debilidad» del sector exterior y el fin de las medidas anticrisis aprobadas por el Gobierno (entre ellas, la rebaja del IVA de los alimentos y los impuestos asociados a la energía). En sentido contrario, «la recuperación gradual» de la confianza de las empresas, «la resiliencia» del mercado laboral y los fondos europeos sostendrían el crecimiento económico.

REPUNTE DE LA INFLACIÓN

También lo haría «la paulatina disminución» de las presiones inflacionistas, a pesar de que el Banco de España proyecte una subida de precios mayor de la prevista. Según el organismo, el índice de precios al consumo (IPC) bajará desde el 8,3% registrado el año anterior hasta el 3,6%, cuatro décimas más que en la anterior proyección. La revisión al alza de las previsiones es más fuerte en 2024, cuando el informe apunta que el IPC repuntará hasta el 3,6%, siete décimas más. En 2025, en cambio, mantiene invariable su proyección en el 1,8%.

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Estos nuevos cálculos son consecuencia del encarecimiento de la energía –sobre todo del petróleo–, que compensará «con creces» la moderación de los precios de los alimentos, así como la suavización de la subida de la inflación subyacente, que cerrará este año en el 4,1% para bajar al 2,3% durante el siguiente.

Asimismo, el nuevo repunte de la inflación en 2024 se debe también al final de las medidas anticrisis aprobadas por el Gobierno, siempre y cuando se produzcan «en el tiempo y forma» previsto en estos momentos. Entre esas medidas están las rebajas fiscales sobre el precio de los alimentos y la energía, que, al decaer, producen inevitablemente una presión al alza sobre los precios que explica dos décimas de la nueva subida.

MENOS PARO, DEUDA Y DÉFICIT

En paralelo a estas cifras, el Banco de España mejoró su estimación de paro para este año, reduciéndola del 12,2% augurado en junio al 12%. Esta revisión se debe a un mejor primer semestre de lo esperado. De cara a 2024 y 2025, el informe mantiene las proyecciones en el 11,5% y el 11,3%, respectivamente, y habla de una desaceleración en la creación de empleo, en línea con la evolución del PIB.

En el apartado fiscal, las nuevas proyecciones traen también mejores vaticinios de déficit –que cerraría el año en el 3,7% del PIB, una décima menos que en julio– y deuda pública –que se situaría en el 108,8% del PIB, casi un punto menos–. De cumplirse este escenario, el Gobierno cumpliría con los objetivos que trasladó a Bruselas en la Actualización del Plan de Estabilidad (APE).

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No obstante, el organismo sigue sin comprar el plan de consolidación fiscal del Gobierno a medio plazo, ya que prevé que el déficit público solo bajaría hasta el 3,4% en 2024, para después repuntar hasta el 4,1% en 2025, frente al 3% que Europa quiere exigir en las nuevas reglas fiscales a partir de ese mismo año. La deuda pública adoptaría la misma senda: se reduciría hasta el 10,7,4% del PIB durante el próximo año para después volver a incrementarse hasta el 108%.

LA INESTABILIDAD POLÍTICA

Todas estas cifras se enmarcan en un contexto con un grado de incertidumbre «muy elevado» que presenta múltiples riesgos, entre ellos, una eventual evolución de la actividad económica global más desfavorable, un mayor impacto de los tipos de interés sobre la evolución de la economía o una escalada de la guerra de Ucrania, entre otras tensiones geopolíticas.

Sin embargo, el Banco de España no ha incorporado todavía a su cuadro de riesgos la inestabilidad política actual, que podría dejar al país con un gobierno en funciones hasta el próximo año. Por el momento, el organismo no aprecia un crecimiento de la incertidumbre y, por tanto, no lo considera «un factor de riesgo a incluir explícitamente».