Desde luego, no ha sido la mejor noticia para la banca este primero de abril. La entidad presidida por Ana Botín, pero si viene a colación de lo que anunciábamos días atrás, que no todo parece tan idílico como lo pintan.

Por más que el BCE ha intentado mantener los tipos bancarios a la baja, lo cierto es que la gente vuelve a dejar de gastar como consecuencia de los nuevos rumores de recesión que acechan los mercados. Si a esto le sumamos que uno de los principales grupos financieros del norte de Europa se ha hecho eco de que, a falta de inflación, el Banco Central Europeo incluso se está planteando dar dinero a los ciudadanos para que gasten, nos pondríamos en un contexto más apropiado para dar esta noticia.

Según los sindicatos, el Santander ya les ha anunciado «una reestructuracion en la red y los servicios centrales que supondrá el cierre de 425 oficinas a lo largo de 2016, y un redimensionamiento de los servicios centrales de Santander España».

Malas noticias para la banca ante el también inminente recorte de personal que va a sufrir Bankia durante los próximos meses, algo que da que pensar sobre cuál será el futuro del sector bancario y la reconversión digital que va a ir sufriendo durante los próximos años.

Y es que lo que parece claro es que el banco, tal como lo hemos conocido, va a ir cambiando progresivamente ya que son los propios bancos los que también tendrán que apretarse el cinturón y abaratar costes inasumibles desde la época de mayor bonanza.

Según se ha podido saber, este año comenzarán a ponerse en marcha las oficinas multicanal, apoyándose de la tecnología para hacer que el banco, al igual que han ido otros sectores, acompañe al cliente y sea prácticamente a la carta. Esto también supondrá que las oficinas pasarán de tener dos o tres trabajadores para abrir espacios más grandes con mucha más concentración de personal, de forma que se rentabilice cada uno de los locales.

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Habrá que ver finalmente cómo queda el recuento y si en vez de despidos serán prejubilaciones, pero parece que empieza a aclarar cuál será el futuro de la banca española y, sobre todo, del fin de sus años de derroche.