La inversión consistente de las telecos

No existe ningún sector empresarial que se pueda permitir el lujo de tomar con parsimonia sus inversiones en crecimiento y desarrollo. De ser así, la inversiones pueden convertirse en un enorme gasto, cuando no en una sentencia de muerte. Y esto ocurre tanto cuando la economía va viento en popa como cuando, como ocurre ahora, está frenada por una crisis. Hay sectores que llevan estos principios más marcados en su ADN, y entre ellos destaca el de las telecomunicaciones y su campo hermano de las tecnologías de la información y la comunicación. Son de esas actividades en las que un simple descuido en el desarrollo equivale a poner en juego el futuro. Pero no basta con una estrategia cuantitativa definida, porque las inversiones, que por lo general son cuantiosas, han de hilar muy fino para estar en la vía correcta por la que transcurre el futuro. Uno de los ejemplos más notables de la trascendencia de invertir sin equivocarse es el caso de Nokia. El gigante finlandés de origen maderero supo transformarse hasta convertirse en el líder mundial de terminales de telefonía móvil durante lustros, hasta que una poco afortunada estrategia inversora y de desarrollo de producto tardó en creer en los smartphones justo cuando Apple lanzaba su iPhone le hizo perder más que el liderazgo: ayer dejó de ser fabricante de móviles, después de 25 años, tras aprobar en junta extraordinaria la venta de la división de telefonía a Microsoft.

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